La gobernabilidad de un supuesto triunfo presidencial de Enriquez – Ominami está sujeta a la posibilidad de un respaldo partidario, según la opinión unánime de la mayoría de los analistas políticos.
El candidato independiente no tiene una base que signifique partidos políticos, por lo que se cuestiona su posibilidad de gobernar sin un parlamento que le sea favorable.
Sin embargo, la historia de los cuatro gobiernos de la Concertación durante 19 años, nos puede entregar una pauta clarificadora de la realidad de la oposición en Chile y la vinculación existente entre los distintos actores de la elite de nuestro país.
Existen muchos antecedentes para asegurar que los gobiernos concertacionistas han “sufrido” una oposición muy condescendiente. El fin último de la derecha (política y económica) es defender la estabilidad del país. Lo anterior se ha visto reflejado en una serie de situaciones elementales y otras no tanto.
Cabe considerar que en el peor momento de Ricardo Lagos, precisamente fue Pablo Longueira quien propuso la modernización del Estado, con lo que le dio una airosa salida al gobierno golpeado dramáticamente con los escándalos de Mop Gate. El tema en comentario hacía peligrar la estabilidad institucional del país lo que internalizó la derecha y le motivó a tender una mano salvadora a la administración de ese tiempo.
¿Acaso no fue Hernán Somerville quien dijo: “mis empresarios adoran al señor Presidente”, refiriéndose a Ricardo Lagos? ¿Acaso no fue Alberto Calderón, principal accionista de Ripley, quien expresó: “tenemos una extraordinaria presidenta”, hablando de Bachelet?
La protección de la institucionalidad vigente va más allá que una simple acción opositora de la Alianza. Además, los poderes económicos del país, igualmente están en el mismo derrotero.
Marco Enriquez–Ominami y la derecha
Marquito (como irónicamente lo llamó Escalona) no estaría solo. El candidato ha dado señales claras de seguir con el sistema económico establecido en el régimen militar y administrado adecuadamente por la Concertación. A su vez, no se ha acercado, para nada, al peor enemigo de la estabilidad americana, como es Hugo Chávez. No olvidemos que, incluso, propuso privatizar el 10% de Codelco, lo que escandalizó a los dogmáticos del socialismo tradicional.
Parece que, si bien es cierto, la Alianza no sería parte de un eventual gobierno de Enríquez–Ominami, no haría una oposición que perjudicara la institucionalidad. Asimismo, no olvidemos que Paul Fontaine, uno de los responsables de las políticas económicas del más joven de los candidatos presidenciales, lleva en sus genes y en su historia la realidad de quienes fueran los Chicago Boys, libremercadistsas por esencia.
Está definido el tema que la derecha no sólo no perjudicaría al eventual presidente, sino que sería una malla protectora si su fracaso atenta contra la estabilidad del sistema político y económico del país.
¿Cómo se ve la derrotada concertación?
"Si gana Marco, será el fin de la Concertación y también de la Alianza, porque es el fin del Sí y del No. Esta elección va a marcar un reordenamiento", pronostica Marcelo Trivelli, ex Intendente concertacionista y ahora partícipe de la candidatura del candidato independiente.
En este caso, si Eduardo Frei quedara en el camino y Marco Enríquez-Ominami le ganara a Sebastián Piñera en una segunda vuelta electoral, lo que pasaría con la Concertación es que desaparecería y tendría, por una u otra razón, agruparse en una nueva coalición política.
Una explicación de tal hecho podría ser que en el presente, dado las innumerables dificultades que ha tenido la Concertación para mantenerse unida, hace presumir que lo que los mantiene pegado es el poder y al perderlo éste, lo que sucede es que se quiebra el grupo político.
El nuevo poder lo representaría un ex socialista - hijo de “mirista” y patrocinado por otro ex “miristra” (Max Marmbio)- pero con características neoliberalistas. Todos tranquilos, menos los democratacristianos y en especial Camilo Escalona.
El “especial” carácter del presidente de la Democracia Cristiana (DC), podría provocar dos cosas: la primera es que éste pase a adquirir un papel de díscolo con el Partido Socialista (PS), debido a las rencillas que existen entre ambos partidos; y segundo, que el timonel DC adquiera una postura que vaya en función de conseguir cooperación política para no quedar solo y así poder mantenerse activo.
Los partidos
De ganar Marco Enríquez-Ominami está claro que la Concertación desaparece o por lo menos tiene que replantearse totalmente, incluyendo su imagen. Sin embargo, el futuro de los distintos grupos políticos que la conforma depende más bien de las elecciones parlamentarias. Esto por el motivo que si los candidatos de los bandos integrantes de la actual coalición de gobierno llegan a ser electos, se mantendrían cobijados y respaldados en sus partidos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario